La sala de conferencia estaba envuelta en una tención grande. Sebastián sostenía los documentos que Fabio había mostrado, con la cara pálida. El nombre de su padre aparecía, una y otra vez, en transacciones ilegales, como representante de empresas pantallas. Como era posible, no podía ser. Su padre no estaba involucrado, en esa red de maldad.
—No… No puede ser, — murmuró Sebastián —. No, mi padre…
Isabella se acercó lentamente, colocó su brazo sobre el hombro, y con el otro, lo abrazó susurrá