El SILENCIO antes del rugido
La habitación estaba bañada por la luz tibia de una lámpara vieja.
Sienna sostenía una manta doblada entre sus manos, incapaz de mirarla directamente.
—Te oculté más de lo que merecías saber —dijo la madre, apenas con voz—.
Y lo hice porque yo también fui engañada.
Isabella, de pie, la observaba.
Ya no como hija.
No del todo.
Ahora como mujer. Como guerrera.
—¿Tú sabías lo del experimento?
—Solo fragmentos… cuando ya era tarde. Catalina nos dijo que era u