Alejandro apretó los puños.
—¿De verdad estaba feliz?
El empleado, que ya se había imaginado una historia romántica perfecta en su mente, respondió con total sinceridad:
—Cuando vio las aves del paraíso, dijo que le gustaban mucho. Señor, usted conoce sus preferencias y también sabe que hoy es su cumpleaños. Podría ir en persona a felicitar a la muchacha.
Alejandro no dijo nada más y volteó para irse.
Cuando vio a Sofía sonriendo bajo los fuegos artificiales junto a Diego, perdió los estribos. E