“Diego, Diego... a cualquiera que se cruce con alguien como tú le va a ir mal”.
Desde afuera, escuchó la voz de Gabriel.
—Esa sangre... ¿no se habrá muerto ahí adentro?
Luego escuchó a Diego.
—Dijo que quería que yo terminara muy mal. ¿Tú qué crees, está muerto o no?
—¿De verdad lo mataste? —preguntó Gabriel.
En cuanto terminó de decir eso, la puerta se abrió y Gabriel entró. Nicolás lo miró.
—Perro faldero.
Gabriel lo miró fijamente, pero no se enojó.
—Parece que ni siquiera hace falta que yo h