La furia de Diego desapareció de repente. Empujó a Nicolás a un lado.
Él cayó hacia atrás; estaba lleno de heridas y ya no tenía fuerzas para defenderse. Perdió el equilibrio y terminó sentándose de golpe en el piso. Se llevó la mano a la barriga y tosió con fuerza, pero aun así se sentía satisfecho. Sabía que había tocado el punto más débil de Diego. Después de tantos años trabajando juntos, ¿cómo no lo iba a saber?
—Te gusta Valentina —dijo Diego de repente.
Esa frase le resonó en los oídos a