Sofía no pudo evitar reírse.
El tono con el que Isabella hablaba de Diego llevaba un toque de burla.
—¿Y qué relación tiene una cosa con la otra? —preguntó con calma.
—¡Mucha! Si yo fuera tan increíble como tú, si aprendiera todo así de rápido, pensaría que ningún hombre en el mundo estaría a mi altura. ¡Viviría feliz sola! —respondió Isabella, cruzándose de brazos dramáticamente.
Ella jamás se fijaría en ningún hombre. Ni siquiera en su hermano Diego. ¡Sofía debía estar ciega!
—Tal vez, en otra