Cristina estaba sorprendida.
Para ella, Isabella nunca había mostrado un respeto real por Sofía... hasta ese momento. Pero en cuestión de horas, su actitud había dado un giro de ciento ochenta grados. Incluso parecía tenerle miedo. El cambio era tan grande que Cristina casi se rio.
—¿Por qué no dices nada? Dame una idea. —Protestó Isabella, ya molesta—. ¡Sofía es demasiado increíble! Tengo que pensar en algo, ¿entiendes?
—¿Y si... le pides perdón? —sugirió Cristina, con cuidado.
—¿Eso hace falta