Diego casi lanzó el teléfono al suelo. Al final, solo lo devolvió.
Pero no podía contener su rabia; cada vez respiraba más agitado. Entonces, se quitó la corbata, tratando de respirar mejor. ¡Esa corbata...! Sofía se la había comprado.
¿Por qué había tantas cosas de Sofía a su alrededor? ¿Por qué ella no podía acercarse a él?
Diego, furioso, bajó la ventanilla del auto y tiró la corbata afuera.
—¡Vámonos! —ordenó.
Estaba fuera de control; tanto el conductor como Chiara se quedaron en silencio,