Alejandro le agarró la mano a Sofía y la levantó del sofá.
—¿Vas a tratarme así de mal?
—Sí. Voy a tratarte muy mal.
Alejandro guio la mano de Sofía hacia su cintura y, a la vez, la atrajo con el brazo, acariciándole la espalda de forma claramente provocadora.
—A ver, muéstrame.
Sofía no fue tan descarada como él.
Cuando alguien tan serio se ponía así, era imposible resistir.
Se hundió directo en su pecho, y la mano que tenía en su espalda lo pellizcó fuerte.
Alejandro se rio un poco y la abrazó