Desde niño, Alejandro había tenido el hábito de estar solo. Con el tiempo, ese hábito se convirtió en rechazo: odiaba que alguien se le acercara demasiado. Cualquiera que entrara en su espacio personal, a menos de un metro, le provocaba de inmediato incomodidad y alerta.
Por eso, la sensación de un abrazo íntimo era algo que Alejandro vivía por primera vez en su vida.
Jamás habría imaginado que estar con Sofía se sentiría tan bien, tanto que le resultaba imposible describirlo.
De solo pensar que