De repente, Sofía se puso nerviosa. El corazón le latía más rápido.
Alejandro era un hombre serio y distante. Vestido de negro, su figura destacaba con una elegancia única, una serenidad inaccesible que transmitían su presencia y su mirada firme.
Verlo así era más de lo que su corazón podía aguantar.
No era solo su cuerpo, sino el movimiento, la forma lenta en que se quitaba la ropa, el ritmo sugerente de ese acto. Todo eso la superaba. Y si, además, Alejandro la miraba mientras lo hacía... ella