La llamada entró de inmediato.
—¿Y bien? —preguntó Carmen, impaciente—. ¿Cómo terminó todo?
—Estoy con Alejandro —respondió Sofía sin tapujos.
Hubo un segundo de silencio. Luego un grito histérico le estalló en el oído:
—¡Sofía, no lo puedo creer! ¡Eres increíble! Dime, ¿tú te le declaraste o el señor Montoya no aguantó más y se te adelantó?
—Fui yo —contestó Sofía mientras se reía.
—¿Y por qué cambiaste de idea así, de repente?
—Porque igual íbamos a terminar juntos, tarde o temprano. Solo adel