Carmen tenía claro que Camilo no conocía la vergüenza y que hablaba sin filtro, pero todo tenía límite.
Ahora, en serio, se pasó. O tal vez siempre fingió, y como ella lo enfrentó primero, decidió quitarse la máscara; quizás esa era su verdadera personalidad.
—En serio admiro tu gran meta de ser gigoló. Con tu cuerpo y tu cara, seguro te iría bien en eso. Te deseo desde ya mucho éxito en tu “futuro”.
A Camilo le molestaba que ella tuviera con él la seriedad y astucia que aplicaba en los negocio