La última vez que Sebastián había visto a Alejandro fue en casa de Sofía.
Ese día, él se había aparecido sin pena a cenar, pero estaba claro que entre ellos dos no pasaba nada.
Ahora, sin embargo... ya no estaba tan seguro.
Bajó del auto furioso y se acercó a ellos.
De un tirón, sujetó la muñeca de Sofía.
Y fue entonces cuando lo vio: el anillo en su dedo anular izquierdo.
Miró a Alejandro... y en su mano, el mismo anillo.
Su mente estalló.
Una sensación de traición lo golpeó de nuevo, tan fuert