Sofía entendía que Eduardo la estaba defendiendo, y sabía que él iba a cumplir su palabra.
Pero también sabía que él era un hombre mayor y que no podía depender de él para siempre.
De todos modos, lo importante era que, por fin, todo llegaba a su fin.
Tensa, asintió.
—De acuerdo —respondió con voz firme.
Diego estaba completamente pálido.
Con Eduardo poniéndose frente a él y toda la familia reunida, no podía hacer nada, por más que la rabia en su pecho pareciera a punto de explotar.
Quería grita