Cuando Jacob vio llegar a Pandora, se sintió incómodo por un momento. Era imposible ignorarla. Además, ya había avisado que iba a ir a felicitar a Eduardo por su cumpleaños.
Jacob sonrió con cortesía y recibió los regalos de Alejandro.
—Llévame con Eduardo —dijo Pandora, con voz firme.
—Por aquí —respondió Jacob, guiándolos él mismo al despacho.
Alejandro caminó unos pasos detrás, con la mirada puesta en la espalda de su madre. Cerró los dedos con fuerza.
Tuvo que admitirlo. Verla adelante, segu