Después del almuerzo, Alejandro le asignó una tarea: ir a una tienda de vajillas a recoger unas copas que había comprado y llevarlas a su casa. Le envió la contraseña de la cerradura por WhatsApp. Durante la comida, los tres habían intercambiado sus números de WhatsApp, por supuesto esto fue idea de Rodrigo, ya que Sofía no se habría atrevido a pedir el contacto personal de Alejandro.
La tienda de vajillas era de una marca extranjera reconocida. Las dos copas costaban casi diez mil dólares según