—Alejandro, ahora no te vas a hacer el que no sabe nada, ¿verdad?
Si Alejandro estuviera frente a Diego, probablemente ya le habría dado un golpe.
Diego no era un tipo violento, pero Alejandro era una piedra en su zapato, una complicación inesperada en su vida. Alejandro era capaz de hacer cualquier cosa que, en cualquier momento, lo haría estallar de rabia.
Alejandro dijo, con una sonrisa sarcástica:
—Si te doy un golpe, será porque tú te lo buscaste.
—¡Tú…!
—Diego, estoy aquí por Sofía. —La vo