Diego sentía un dolor por dentro que lo desgarraba, tan fuerte y abrumador que casi no lo soportaba. Incluso se le puso la voz rasposa.
—Sofía, no me obligues...
—¿Que soy yo la que te está obligando? ¡Eres tú el que me ha estado presionando! ¡Te lo dije muchas veces! ¡Pero no me prestas atención!
Sofía forcejeaba, pero Diego era demasiado fuerte.
Ella apretó los dientes y de la nada lo tiró al suelo. Diego, que no se lo esperaba, cayó de golpe.
Aunque reaccionó rápido, se golpeó la cabeza contr