Diego sentía que la rabia y la frustración crecían dentro de él, y no podía pararlas.
Ahora tenía que admitir algo: Sofía estaba jugando con sus emociones.
Nunca quiso permitirle a ella influir en él, pero igual había pasado.
Diego no quería admitirlo, pero no podía controlar lo que sentía.
Hacía muchísimo tiempo que no sentía que perdía el dominio de sus emociones, y se sentía horrible.
Diego volvió a pensar en lo que le habían dicho Miguel y Gabriel y, de la nada, apretó el vaso de vidrio con