Sofía dejó de hablar y volteó la cabeza hacia la ventana. El paisaje pasaba rápido y, poco a poco, su ánimo se fue calmando.
En los asuntos importantes, contar con la ayuda de Alejandro parecía lo más natural. Pero en los pequeños detalles de la vida diaria, aún no estaba acostumbrada.
Ese tipo de gesto —como haber elegido con antelación los regalos para sus amigos— no era igual que salir a defenderla en público. Y, aun así, le llegó directo al corazón.
Cuando su madre aún vivía, Sofía estaba ac