Diego alzó la mirada y le advirtió:
—Este asunto no se lo puedes contar al abuelo.
Isabella no entendía.
—¿Por qué?
—¡No hay por qué! —respondió, en un tono seco.
Casi nunca toleraba ver a Diego con la cara seria y, en ese momento, estaba molesta.
—Diego, ¿qué pasa entre tú y Alejandro?
—Lo que no debas preguntar, no lo preguntes.
De golpe, ella se puso de pie:
—¿De verdad Sofía se divorció de ti?
Él no quería hablar, mucho menos escuchar otra vez “divorcio”, la palabra que tanto le desagradaba.