Antes de irse, Sofía miró a Diego.
Si se trataba de un enfrentamiento físico, ella no tenía manera de ganarle; solo podía responderle con palabras que no le hacían nada. Por suerte, estaba Alejandro y la fuerza de un hombre marcaba la diferencia: al fin Diego había probado un poco de su propia medicina. La furia en la mirada de él ya no tenía ningún efecto en Sofía. Ella salió sin voltear atrás.
Cuando llegó al patio, se sorprendió porque se encontró con Isabella, que se escondía a lo lejos. Ell