Muy pronto, Diego reaccionó. La última vez, Alejandro le había mostrado cierta piedad, pero en ese momento, cuando recibió el golpe del cinturón en el brazo, sintió que medio brazo se le entumecía.
El dolor lo dejó tenso. Esa breve pausa fue suficiente para que Alejandro descargara de nuevo el cinturón en el mismo sitio. Esta vez, no solo quedó entumecido: sentía como si se le fuera a partir.
Diego casi grita de dolor. Alejandro estaba decidido a darle una lección. Con una fuerza impresionante,