Aunque vivió ahí tres años, Sofía nunca sintió esa casa como un hogar. Volver a ese lugar le resultaba insoportable, como ahora: un malestar que no era por no haber superado la relación, sino una especie de reacción postraumática.
Diego la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo.
—¿Lo odias tanto?
—Sí.
Ella apretó los puños.
Diego rio con amargura.
—Pero antes no eras así, ¿no estabas siempre esperando a que yo volviera pronto a casa?
—Si siguiera siendo la misma de antes, no me habría divorc