—Tía, si no quieres escuchar lo que digo, entonces ocúpate de tus propios asuntos, porque lo que tú dices a mí tampoco me gusta —respondió Sofía, cortante.
Manuela guardó silencio. Seguramente estaba tan enojada que no sabía qué contestar y, después de unos segundos, colgó.
Sofía miró el celular, con una expresión muy seria.
Sebastián, que todavía estaba irritado, sintió una satisfacción tremenda cuando vio la respuesta de su hermana; su reacción lo sorprendió y le encantó.
No había duda: despué