Mateo de verdad quería golpear a Sebastián, pero sabía que perdería. Ir a buscarlo solo significaba hacerse daño y quedar en ridículo.
Agotado, se dejó caer en el sofá, tomó su celular y, después de dudar varias veces, terminó llamando a Manuela.
Ella contestó rápido.
—¿Qué pasó, Mateo?
Cuando oyó su voz, a Mateo se le humedecieron los ojos.
Le contó todo lo que había ocurrido ese día, lleno de frustración y resentimiento.
Manuela, a diferencia de Valentina, no fue severa con él. Fue paciente y