Sofía aprendía rápido y la pintura no era la excepción.
Gracias a su inteligencia espacial, prefería usar tinta china para sus composiciones amplias o simétricas, que le recordaban a fórmulas matemáticas.
Sobre todo, le encantaba pintar bambúes.
De niña, solía llevarse a escondidas cuadros de Manolo. Ahora, en su estudio, tenía varios de ellos enmarcados.
Sus intereses eran demasiados y nunca dedicaba todo su esfuerzo a la pintura.
Precisamente por esa actitud dispersa, Manolo la consideró dema