Sofía colgó el teléfono.
Ya no sentía la alegría de antes cuando su tía la llamaba, y se le notaba en la cara: la indiferencia manchaba su semblante.
Su tía tenía la cabeza en su nueva familia, pero, al fin y al cabo, su sobrina mayor estaba recién divorciada, y como pariente, tenía que mostrar un poco de preocupación.
Sofía le envió un mensaje a Sebastián para contarle, pero él no respondió.
Sebastián era honesto: si alguien no le agradaba, no iba a fingir que sí.
Sofía no rechazó la invitación