El dolor en el pecho de Priya era tan fuerte que casi no podía respirar. Era como si supiera que debía resignarse, pero fuera incapaz de asumirlo.
—¡Que no! ¿Por qué Alejandro no me quiere?
Carlos sonrió un poco.
—No te obsesiones. Cuando alguien te gusta, no hay razón alguna, es algo sin lógica. Y cuando no le gustas, es igual.
Priya no era tonta. Aceptaba las palabras de Carlos y entendía que su negativa a ayudarla era, de algún modo, una forma de protegerla para evitar que sufriera.
Pero el a