Alejandro ya había entrado en la tienda.
Su porte imponente, hombros anchos, piernas largas y ese aire distinguido hacían que destacara.
Era extraño.
Ver a Diego de espaldas siempre le molestaba a Sofía, pero con Alejandro no.
Con él, en cambio, le daban unas ganas irresistibles de seguirlo.
Dentro de la tienda, Alejandro se sentó en la zona de descanso.
Sofía no preguntó nada y fue a escoger el regalo que quería, segura de que él pagaría.
Las copas de esa tienda eran carísimas. En otro tiempo j