Sofía ya se había acostumbrado a tratar con Alejandro, pero lo que él decía seguía sorprendiéndola.
Hasta ese momento, ella no lo había mirado, pero ante el asombro, no pudo evitar voltear.
De perfil, Alejandro se veía tan atractivo; con su cuello largo y sus hombros anchos que le daban la robustez de un hombre de verdad.
Esta vez Sofía no siguió su comentario, sino que dijo:
—Señor Alejandro, siempre pensé que usted no le prestaba atención a Diego… Con perdón, pero creo que lo valora demasiado.