Diego no dijo nada; solo bebía trago tras trago en silencio.
Su estómago comenzó a molestarlo, se irritó un poco, pero siguió bebiendo.
Gabriel se dio cuenta y no pudo evitar decir:
—Tu estómago no está bien, ¿es necesario tomar tanto?
La mano de Diego, que sostenía la copa, se detuvo.
Pensó en las sopas que Sofía le preparaba para la resaca, o en los almuerzos ligeros que le llevaba al día siguiente para cuidar su estómago.
Había que admitirlo: ella lo cuidaba muy bien.
Pero en cuanto lo pensó,