Gabriel tenía mucha labia y su explicación sobre la inversión en Sebastián sonaba razonable. Sofía la aceptó sin reparos.
Pero había pasado por alto un detalle crucial: él era amigo de Diego, y no cualquier amigo, sino uno muy cercano.
Era como ella y Carmen. Aunque cada quien tuviera sus propias ideas, ella jamás actuaría en contra de su amiga.
Gabriel, que siempre tenía respuesta para todo, ahora guardaba un profundo silencio.
Sofía no tenía prisa alguna, siguió saboreando su café con calma.
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