—¿De verdad no tienes idea de por qué Sebastián te odia tanto?
Gabriel movió la cabeza de lado a lado.
—Mejor pregúntale a él.
Por favor, Gabriel era demasiado astuto y, como hombre al fin, él sabía muy bien la razón.
El muchacho lo trataba como si fuera un depredador al acecho, todo porque no quería que se fijara en su hermana.
Gabriel se lamentaba un poco. No calculó que Sebastián captaría sus verdaderas intenciones tan rápido.
Claro que jamás lo reconocería de manera abierta.
Al fin y al cabo