Joaquín solo quería sacar a Mateo de ahí de inmediato.
Justo en ese instante, una taza de café se derramó sobre la cabeza de Mateo. Él se quedó tieso, miró el café en el piso y se volteó enfurecido sin poder creerlo.
De golpe se encontró con los ojos sombríos de Sofía. Ella estrelló la taza vacía contra el suelo.
Con mirada y voz aterradoras, le dijo:
—El café sabe mejor que el agua, ¿lo quieres probar?
—¡Sofía! —Mateo salió del estado shock y rechinó los dientes—. ¡Cómo te atreviste a tirarme c