Luego de alimentar a los bebés y cambiarlos, Pía y yo los mecemos para que duerman, así poder bajar a comer algo. Ella se ve hermosa, mientras le tararea la melodía de Caruso a Ángello, yo le canto bajito Lullaby de Josh Groban a Gabriel.
—Son unos angelitos cuando duermen —dice Pía sonriendo feliz—, nadie podría decir que Ángello puede derribar la casa con veinte segundos de llanto.
—Bueno, vamos rápido, antes de que se despierten.
—Me da miedo dejarlos solos…
—Para eso inventaron los monitore