Capítulo noventa y tres. Epílogo
Epílogo
Las puertas enormes puertas se abrieron de par en par, Scott Carter cerró sus ojos cuando el sol golpeó su rostro, había pasado algún tiempo desde la última vez que respiró en libertad y hoy volvía a hacerlo…
—Su libertad tiene nombre y apellido, señor Carter —expresó el hombre parado junto a él.
—Lo sé, abogado. Realmente no entiendo el motivo por el cual hace todo esto, no fui un buen hombre y tampoco un buen amigo —dijo con un nudo en la garganta.
—El señor Cameron debe estar loco