Esa mañana estaba con mi madre, ya que hacía tiempo que no nos veíamos y no me importaba si Gerard se enteraba, ya que ella estaba cansada de que él siempre usara como excusa el contrato que habíamos firmado cuando teníamos Una discusión, así que por eso fui a visitar a mi madre, aunque sabía que Gerard lo prohibió cuando nos casamos.
—¿Cómo estás con ese hombre, hija? ¿Te trata bien?—, me preguntó mi madre.
—Sí, no me puedo quejar, mamá, pero sus celos con mi compañero de trabajo me duelen.