Fuimos por el pasillo que nos indicó la enfermera, mi madre y yo nos paramos frente a la puerta de la oficina, tocamos a mi madre y entramos cuando pudimos escuchar que nos daban permiso. Al entrar al consultorio, la doctora se levantó de la silla donde estaba sentada y se acercó a mi madre, dándose un gran abrazo y un beso, saludándose como si se conocieran de toda la vida.
—Hola, tú debes ser Amanda, tu mamá y yo casi puedo decir que crecimos juntas, somos muy buenas amigas, mi nombre es Caro