Una mañana mientras estaba sentada como siempre en una de las sillas del jardín bebiendo mi vaso de jugo, mi madre estaba sentada en la silla de al lado mirándome con sus ojos tristes.
—Amanda, cariño, no puedes seguir así, sé lo que te dijo Hills, pero tienes que ir a verlo y arreglar lo que él quiera que tengas que arreglar—, me dijo.
—No mamá, lo siento, lo último que me hizo es imperdonable, no puedo volver con él por mucho que lo ame—, respondí.
—Hija, ¿es tan grave lo que te ha hecho e