Despierto al sentir unas caricias en mi vientre y uno que otro beso. Sin poder evitarlo, suelto una risita, y al abrir mis ojos veo a mi flamante hombre completamente desnudo, mirándome con deseo.
—Hola, nena —dice, besando mis labios apasionadamente.
—Hola, guapo. Veo que amaneciste animado —señalo su erección, mordiendo mi labio inferior.
—Es algo inevitable teniéndote cerca.
Lo tumbo a un lado y me monto encima de él, tomándolo por sorpresa. Él acaricia mis senos y da leves pellizcos que me h