Por Pupy
Emma subió al auto, agradeciendo al chofer con una sincera sonrisa.
Es cautivadora.
Se acomodó en el asiento y se inclinó, con naturalidad, para saludarme con un beso en la mejilla y ese gesto fue con más indiferencia que la sonrisa que le dedicó a Mario, mi chofer.
No creí que las relaciones públicas fueran lo suyo.
-Buenas noches.
-Buenas noches.
Contestó devolviéndome el saludo.
-Estás… deslumbrante.
Busqué una palabra menos poderosa, no porque no estuviera realmente deslumbrante, s