—Ahora eres ella, incluso legalmente —informó Roberto que, junto a uno de los notarios y el abogado de Alessandro Bianco, llegaba a la casa donde ahora vivía la menor de sus hijas y sus dos nietos.
Roberta, contrariada, viendo montón de documentos en una mesa, sintió que su corazón se comprimía y su tracto digestivo comenzaba a palpitar, tal vez por eso sentía tantas ganas de vomitar; y, al percatarse de ello, Roberto suspiró.
» Sabes, sabía que te pondrías así —dijo el hombre—, porque, aunque