—Estoy aterrada —dijo al fin Estrella, tras demasiados minutos de silencio que se sintieron como horas—, esto no debía de pasar, así que no sé qué debo hacer.
—Bueno —dijo Rebecca, sintiendo al fin que respiraba, pues, todo el tiempo en que su amada hija se ahogaba entre sollozos, ella sentía que tampoco podía respirar—, si no sabes qué debes de hacer, deberías empezar a preguntarte qué es lo que quieres hacer.
—No quiero ser mamá —respondió Estrella y el aire se agolpó de nuevo en sus pulmones