Siete meses después.
Sammy caminaba alrededor de aquella jaula como si estuviera lista para la madre de todas las peleas.
—¡Diablo, sube aquí ahora mismo! —gritó con frustración y Darío se puso pálido.
—¿Y yo por qué? —rezongó.
—¡Porque tú me hiciste esto! —exclamó Sammy señalando su pancita de