Seis años después.
Sammy sonrió viendo cómo Alejandra saltaba por encima de su padre, agarraba la sillita pequeña que estaba detrás de su mesita del té y le daba con ella.
—¡Alejandra! —gritó su madre y la niña se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos, mientras Darío se frotaba la pantorrill