Darío estaba aturdido. Cerró los ojos y respiró pesadamente mientras intentaba encajar aquel golpe. Había más de seis médicos en aquella habitación y parecía que todo el mundo estaba preocupado y concentrado en él.
—¿Un… tumor? —balbuceó—. ¿En mi… en mi cabeza?
El doctor frente a él asintió con un