CAPÍTULO 87. Un instinto disparado
Darío se estiró el traje y de reojo vio cómo Sammy se apoyaba en la cama, con la barbilla sobre los brazos.
—¿Tú no piensas ir a trabajar? —le preguntó riéndose—. ¿O vas a estar todo el día embelesada?
—¡Oye, tengo un hombre que es un monumento, déjame admirarlo! —rezongó Sammy, además si me levanto es probable que me resbale con mi baba.
Darío se acercó a ella, la hizo girarse boca arriba y la besó.
—¡Tú estás demasiado loca! ¿No te alcanzó con los últimos dos días?
La levantó y la mandó al ba