CAPÍTULO 86. Yo soy el amor de tu vida
Sammy tembló. Había pasado casi un mes desde la última vez que había estado entre los brazos de aquel hombre y no necesitaba que nadie se lo dijera: ellos podían querer matarse, pero no iban a separarse nunca.
—Dime que no quieres… —roncó Darío sobre su boca, empujándose solo unos centímetros y sintió cómo la vagina de Sammy latía y se contraía, devorándolo. Tuvo que hacer un esfuerzo para no darle todo lo que quería, porque si ella era resistente, él lo era más—. ¡Dímelo…! ¡Que no me extrañast